Domingo 20 de junio. Santa Mónica, California.
Estaban las Spears, madre Lynne, hermanita miniclon Jamie Lynn y Britney, más una amiga del mini clon y la asistenta Felicia Culotta (la capacidad de un 4x4), en una tienda de mascotas -muy cerquita del apartamento que la chica tiene por esa zona- escogiendo un nuevo perrito al que mal criar.
Qué felicidad la nuestra! Carcajadas, carantoñas, abracitos y morisquetas de las féminas hacia los perritos afortunados: un cachorrito Terrier Maltes blanco para Britney y uno color canela para su hermanita. Pero lo que la cantante no sabía es que, tan sólo media hora después, su alegre día iba a tornarse...

A la salida de la tienda de mascotas, perrito y muleta en mano -cada cual en una-, se dispuso a sentarse en el asiento de copiloto del Suv. Madre al volante, arranca el todoterreno y...
OMG! aPaparazzis! Por todas partes, rodeándolas, haciéndoles fotos y más fotos hasta que...
"Oh no! aoh no!. Mamá, mamá".

aPumba!! La intrépida madre acaba de arrollar a un fotógrafo, británico de nacimiento, llamado Calum Reavely, que hace como que está inmóvil, y luego hace como que le duele mucho agarrándose las intactas 'Converse'. Lynne Spears baja, echa un vistazo, ve al fotógrafo tendido en el suelo haciendo el mejor papel de su vida y entonces Britney le dice a su madre que vuelva mientras que el resto de los fotógrafos que quedan intactos -unos diez- le gritan e insultan. Ante su impotencia de no poder bajar del coche a hostiar a los allí presentes -recordemos que tiene una rodilla malherida-, comienza a devolverle los insultos:
"Apartaos del puto coche! Perdedores, perdedores...". Bueno, cosas más graves se dicen pero Britney también es de esas chicas que dicen 'Oops' cuando comete un error...

Los coches patrulla no tardan en llegar. Varios, amuchos!. Y una ambulancia, ay hasta un coche bomberos!! Como si de una película de humor al estilo de 'Algo pasa con Mary' se tratase. Muy aburridos debían de estar ese domingo por California, o quien sabe, quizá acudieron todos para ver quién tenía la suerte de detener a la Spears.

La afortunada no fue otra que una señora enorme que, tras pedirle que apagase el motor, hablar con Britney e intentar esta explicarle lo ocurrido a su manera, hizo bajar a su madre del coche con los papeles en la mano.

Mientras, Britney llora desesperada con el rimmel corrido por sus mejillas y con su perrito en los brazos. Se pone cada vez más y más nerviosa hasta que un sanitario acude, le agarra la mano a la cantante e intenta calmarle.
No es justo! aNo lo es! Ella sólo iba a comprar un perrito...